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Una etiqueta en la frente

Un numero único de identificación global en Google, chips RDIF en nuestras credenciales, dispositivos móviles geolocalizables, una cuenta de Facebook para amigos y familia, otra de Linkedin para colegas del trabajo y un Twitter para las ocurrencias diarias.

Cada vez nos encontramos más expuestos a jugosos algoritmos que nos agrupan según un perfil basado en edades, gustos, pensamientos, etc. 

Vivimos dentro en un mercado que le pone precio a nuestra información, u$10 dolares para algunos, un poco más para otros. La privacidad ya es cosa del pasado, nos están marcando, como al ganado.